UNO MÁS UNO NO SON DOS

En un par de minutos el tren haría  su entrada en la estación.  Podía sentirlo a distancia. Tanto tiempo haciendo el mismo trayecto, le habían agudizado los sentidos. Cada viernes y cada domingo, Barcelona-Madrid, Madrid-Barcelona. Así durante meses.
Hoy se había puesto aquel vestido rojo que tanto realzaba su figura, quería darle un tono de color, a pesar de que el día había amanecido gris. Se sentía asqueada, y quería maquillarse por dentro y por fuera.
Lo había intentado muchas veces, demasiadas veces. Estaba dispuesta a darlo todo por él. Sentía un amor loco desenfrenado, sin barreras donde todo es maravilloso. Ese amor en el que tu vida ya no te pertenece porque estás dispuesta a entregarte en cuerpo y alma. Donde uno más uno no son dos, si no uno solo.
Cada viernes hacía el mismo trayecto. A la misma hora y con la misma entrega. Hasta que quiso coger el primer tren de madrugada para meterse helada entre sus sábanas y dejar que su deseo les calentara. Ese día la convenció de que un amor a tres no era tan malo. Y ella….se dejó llevar.
Una copa, un cigarro, un poco de coca y déjate hacer amor, ya verás.
Ella notaba como el alcohol y la droga entraba ávida y silenciosa por la venas en cada latido. Era consciente de como sentía aquel subidón de adrenalina  y entonces aparecían manos sobándola, labios besando su cuerpo….. Sexo,  lujuria. Ya no éramos dos, ni uno.
Ella buscaba su mirada perdida entre tanta agitación y él simplemente sonreía con los ojos perdidos en el abismo. Una vez alcanzaba la cumbre. Notaba el atontamiento agradable que le hacía sentirse bien. Todo parecía tener sentido.
La proporción de plenitud era inversa en la decadencia cuando el efecto del coctel perdía su efecto.
Ya no era amor puro, ya no flotaba en el aire cada vez que se veían. Ya no eran dos, ni uno. Era un amor corrompido, un desamor.
En pocas semanas el tres se convirtió en seis. El seis en ocho. El consumo de alcohol y la droga no sumaba sino que se multiplicaba. Y una y otra vez él me pedía perdón.
Ese día como tantos otros, el tren entraba en la estación y ella se adelantó a su llegada. No podía dejar de amarle. No podía seguir así.
Un minuto después el tren hizo su parada, pero ella esta vez no se subió.

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