LUZ ROJA


Yacía en el suelo encogida, su cuerpo cansado  de agitarse contra las frías baldosas hacía pensar que no respirase. Sus ojos secos de humedecer su rostro permanecían abiertos mirando a ninguna parte. Si alguna vez hubo orden en aquella habitación no quedaba ni rastro de ello, agua en la pared, papel, bandejas de plástico hecha añicos, trozos de negativos y restos de fotos por el suelo. Sus manos aprisionaban fotografías de su amor con un cuerpo que no era el suyo. ... Fuera en el quicio de la puerta la luz roja seguía prohibiéndola entrar.


Septiembre/15

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