La Playa de los Muertos
Chocaba con furia el agua espumosa, en un mágico compás sin interrupción salvo el ritmo de las olas conforme pasaban los minutos. Se extendía gozosa y libre hasta donde alcanzaba, como si los brazos de aquél marinero se alargaran queriendo acariciar la orilla. Una vez más el mar traía un náufrago convertido en roca. Si pudiera moldearse sería una piedra redonda y habría dejado de ser hombre.
Ella bajaba como cada mañana casi al amanecer por aquél empinado sendero, y al verlo corrió desesperada. Alguien golpeaba la playa insistente. Esta vez sí, es posible…se decía esperanzada mientras galopaba sendero abajo.
Agarró con fuera el harapo que dejaba ver su espalda y lo giró no sin esfuerzo. Era el cuerpo sin vida de otro marinero. Después de dos meses seguía sin poder enterrar al amor de su vida. Lo llamaban la playa de los muertos pero, ella aún no tenía el suyo.
Rosa Sánchez
Rosa Sánchez

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